La primera dificultad de un sudoku no suele ser calcular. Es saber dónde mirar. Si te encuentras ante una cuadrícula de 9×9 y todos los huecos te parecen iguales, empezar por una más pequeña permite concentrarte en una sola deducción.
Primero, una cuadrícula de 4×4
En un sudoku de 4×4 usas los números del 1 al 4. Cada fila, cada columna y cada bloque de 2×2 debe contenerlos una sola vez. No hace falta sumar: lo que importa es que ninguno se repita.
Este ejemplo está casi resuelto para que puedas fijarte en una única casilla. ¿Qué número sustituye a la interrogación?
Ver la deducción
En la primera fila ya están el 1, el 2 y el 3. Falta el 4. La última columna contiene 2, 3 y 1: también le falta el 4. El bloque superior derecho contiene 3, 1 y 2, así que encaja. No hemos probado al azar; hemos encontrado el único número posible.
Una rutina para saber dónde mirar
- Busca una zona con pocos huecos. Puede ser una fila, una columna o un bloque. Cuantos más números estén colocados, menos posibilidades tendrás que comparar.
- Enumera los que faltan. Después, comprueba cuáles quedan descartados por las otras dos zonas que cruzan la casilla.
- Escribe solo cuando puedas explicar el porqué. «Aquí falta un 4 y no cabe ningún otro» es una deducción. «Voy a probar un 4» es una apuesta.
Cómo pedir una pista sin perder el reto
Antes de mirar una solución completa, intenta conseguir una ayuda más pequeña: la zona en la que conviene fijarse o el número que merece atención. Vuelve después a la cuadrícula y desarrolla tú el razonamiento.
Cuándo pasar a un sudoku mayor
Cuando las reglas te resulten familiares, prueba una cuadrícula de 6×6, con números del 1 al 6 y bloques de 2×3 o 3×2, según el diseño. Después puedes pasar a 9×9, con bloques de 3×3. La regla de no repetir se mantiene; aumenta la cantidad de información que debes observar.
El tamaño no determina por sí solo la dificultad. El objetivo de esta progresión es que ganes soltura con las reglas antes de enfrentarte a tableros con más casillas.